El Club Pedro Molina cerró la temporada con muchas actividades

Una nueva y gran celebración familiar para coronar las actividades realizadas durante el año se vivió en el Club Social y Deportivo Juventud Pedro Molina, de Guaymallén, donde más de 400 personas –desde niños hasta adultos mayores– disfrutaron de diversos espectáculos brindados por integrantes de los distintos talleres para exhibir el resultado de lo aprendido, y también de actuaciones de músicos y bailarines solidarios que ya son parte de la gran recuperación institucional que comenzó en 2012.

Y así, a pulmón, como ha sido todo el proceso para revivir y consolidar nuevamente a la antigua entidad barrial como un importante referente de la zona, la clásica peña de cierre anual se volvió a llevar todos los aplausos en reconocimiento a la ardua tarea de gestión que desarrolla la Comisión Directiva junto a los profesores que difunden su arte y los entrenadores que enseñan los secretos del deporte prodigándose sin miramientos, fiel al espíritu del amateurismo.

(Foto: @Comunicacional)

La satisfacción de ver reflejada en las emociones del público la tarea bien cumplida fue disparada por el despliegue físico y coreográfico que mostraron los niños, los jóvenes y los adultos que practican diferentes actividades deportivas, recreativas y culturales en el club todas las semanas.

Ahí se evidenciaron las habilidades de quienes reciben clases de ritmos latinos en sus diferentes categorías, y quienes aprenden a ejecutar instrumentos y a cantar en el taller de música, celebrados efusivamente al bajar de escenario. Simultáneamente, los alumnos del taller de artesanías expusieron con mucho éxito sus creaciones.

(Foto: @Comunicacional)

Asimismo, esa fiesta de la camaradería fue reafirmada con la exaltación de vibrantes colores en movimiento aportada por la actuación de los bailarines de la academia de danza Pasión de los Andes, quienes habitualmente ensayan sus rutinas en el club.

Los integrantes de ese ballet folclórico –ataviados con los trajes típicos de los festejos andinos bien elaborados con sus telas brillantes y sus bordados de lentejuelas– danzaron con gran soltura sus coreografías para el deleite de chicos y grandes, que seguían con atención cada paso para dar lugar a la alegría que despiertan las milenarias expresiones culturales de la región.

Otro lujo que hubo en el cierre de fin de año del club Pedro Molina fue la presentación del trovador mendocino Gustavo Maturano, quien con sus composiciones telúricas siguió resaltando los valores de nuestras raíces populares.

Para engalanar la velada tampoco faltó la presencia de la reina de la Vendimia de la institución vecinal, Selva Morales, quien hace poco participó en la elección de la soberana distrital.

El capítulo de la entrega de diplomas a quienes trabajan por el engrandecimiento del club fue otro punto fuerte de la celebración, ya que el reconocimiento público se cristalizó así mediante los sostenidos aplausos del público.

En la ocasión recibieron distinciones deportistas, músicos y bailarines estrechamente vinculados a la actividad social y pedagógica de esa organización sin fines de lucro. Entre ellos estuvieron Claudia Valverde (ritmos latinos), Gastón Luque (tenis de mesa), Jorge Muriega (fútbol), Analía Peletay (artesanías), Marcos Jofré (básquet), Julio Ponciano (música), Corina Montefusque (flamenco) y Laura Fernández (academia de danza).

Y otra emoción llegó de la mano del recuerdo de Chicho Perrotta, quien fuera un destacado colaborador del club, y del homenaje de Jorge Marziali, el famoso cantautor folclórico que actuara en diferentes oportunidades para colaborar con la recuperación institucional. Se trata de dos personas muy importantes recientemente fallecidas, que dejaron sus huellas en los corazones de los socios por su entrega incondicional a una causa colectiva que sigue su curso de manera imparable.

Como no podía ser de otra manera, la clausura de la celebración llegó con el esperado baile familiar en un clima de algarabía que demostró de esa manera que, al fin y al cabo, con esperanza, voluntad y perseverancia se superan las dificultades más desalentadoras. Y que además se festeja como debe ser.

Así lo testifica este club con más de 80 años que se puso de pie nuevamente para seguir haciendo latir el corazón de un barrio que jamás se resignó a perder un sitio histórico que ha albergado –como ahora mismo ocurre– momentos inolvidables de una esa pujante comunidad guaymallina.

Todo esto se dio como corolario de las actividades ofrecidas por Pedro Molina en el marco de una función social que, además de ayudar a desarrollar y canalizar los talentos de cada socio, cumple un rol de contención al promover un espacio de neta inclusión.

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