El colombiano Miguel Flores brilló en el ascenso a El Colorado

(Por Walter Darío Pelusso) – Su majestad, la montaña, coronó una vez más al monarca de la Vuelta a San Juan. Como hace 16 años, la etapa del Colorado puso en lo más alto de la clasificación general a quien tiene todo el crédito para transformarse en el nuevo rey de la carrera más importante del continente. No hace falta ser primero para conquistar la venia del macizo andino. La seducción comienza cuando baja el primer banderazo, en el primer palancazo, y ése fue el belga Remco Evenepoel (Deceuninck Quick Step), quien hizo un trabajo descomunal para no ceder terreno ante un grupo de selectos escaladores que animaron un emotivo tramo en la competencia que se adjudicó el colombiano Miguel Florez (Androni Giocattoli), con un registro de 4 h 36’23’’, a un promedio de 38,012 kph para recorrer los 175,6 km de trayecto.

Desde que en 2004 llegó al giro sanjuanino, el tramo que termina en el Alto del Colorado, promontorio montañoso que delimita los departamentos de Ullum e Iglesia, se ganó el corazón de los aficionados de la vecina provincia. El trazado que va por la Ruta 149 adquirió ribetes trascendentes para la historia del tour sanjuanino. Desde esa primera edición que ganó el riojano Raúl del Rosario Ruarte vistiendo la casaca de la Muni de Maipú, hasta la última en la que se impuso el colombiano Winner Anacona, pasaron muchos kilómetros regados por el generoso sudor de los titanes de la ruta.

El bonaerense Francisco Monte (Selección Argentina) fue el actor principal en los primeros kilómetros. El dirigido por el mendocino Omar Alejandro Contreras terminó tercero en la primera meta sprinter que fue para Emiliano Contreras (Puertas de Cuyo). Monte siguió manteniendo el ritmo y eso le significó adjudicarse la segunda meta sprinter y luego atenazó el primer puesto en la primera meta de montaña. Por su lado, otro de nuestro provincia, Alejandro Durán (SEP San Juan) trabajó para alcanzar a su compañero Juan Pablo Dotti en los puestos de vanguardia, tal cual lo hacían los italianos con Filippo Ganna, el escolta de la general. Evenepoel tomó nota de la situación, aunque nada pudo hacer en el cierre con el cafetero Flores.

 

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